#VivasNosQueremos: crónica de Gabriela Baby sobre el paro de mujeres del pasado miércoles 19/10

Textos que circularon en las redes sobre el paro de mujeres del pasado miércoles 19/10/16

#NiUnaMenos:

#NosotrasParamos contra la violencia femicida y contra la precarización de nuestras vidas.

Paro de mujeres dijimos desde #NiUnaMenos con la rabia por el femicidio de Lucía en Mar del Plata. Y en el mismo día, el odio de una madre mata a su hija lesbiana, y al día siguiente, dos adolescentes son acuchilladas en La Boca. Con los cuerpos todavía movilizados por el Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario y con la bronca de la represión que sufrimos latente, la idea empezó a salir de las redes para convertirse en una asamblea que alojó la sede de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) Fuimos cientos de mujeres organizadas —casi 50 organizaciones y sindicatos representados— y muchísimas más no encuadradas en ninguna agrupación pero con la misma voluntad de organizarse para decir otra vez: ¡Basta! Y juntas decidimos parar: las que tienen un empleo formal y las que no, las cooperativistas, las precarizadas, las que trabajan en tareas de cuidado y no reciben salario, las desocupadas, las estudiantes, las artesanas y artistas, todas.

#NosotrasParamos porque #VivasNosQueremos: manifestación en la 9 de julio, Buenos Aires
#NosotrasParamos porque #VivasNosQueremos: manifestación en la 9 de julio, Buenos Aires
#VivasNosQueremos/ Fotografía de Agustina Salinas
#VivasNosQueremos/ Fotografía de Agustina Salinas

En el muro de Facebook de Jimena Arnolfi (uno de los tantos testimonios que se multiplicaron en cientos de muros):

Ayer salí a correr y en un momento un auto aminoró la marcha para decir cosas sobre mi cuerpo. Vivo en una zona rural del litoral. Salgo a correr por caminos de tierra muy poco transitados. Quien manejaba me dedicó obscenidades varias mientras yo me debatía entre correr más rápido o dar la vuelta y correr en dirección contraria. Por supuesto, era un hombre. Lo insulté y no cambié de dirección. Dudé, eso sí, quise dar la vuelta, pero no. Tuve miedo pero corrí más fuerte. Cuando salgo con la bicicleta soy más poderosa. Siento que estoy motorizada, tengo más velocidad, no sé, hay algo que me protege. Pero si me calzo las zapatillas y salgo a correr sola siempre me cruzo con un tipo que da miedo. Al costado del camino hay espinillos. Flores silvestres, monte, naturaleza, bichos muertos. No hay a quién pedir ayuda. El tipo, un señor mayor, al mando de un auto sin patente disfrutaba de mi miedo. Yo corrí, corrí, corrí muy fuerte, no retrocedí. Mientras transpiraba y me concentraba, no me va a ganar, mierda absoluta no me va a ganar, no me va a ganar, lo perdí de vista. Seguí el recorrido y llegué a una distancia de casi dos cuadras de la tranquera de mi casa. No hay cuadras, pero esa era aproximadamente la distancia. Y pasó un pibe en bicicleta. Tenía mi edad, o menos. Y el loco cambió su recorrido para pronunciarse y decir cosas sobre mi cuerpo. Otra vez. Lo insulté, igual que al viejo, y por más que estaba cansada, corrí más fuerte. Otra vez el miedo. Otra vez. Pero esta vez estaba cerca de mi casa y de mis perros. Corrí fuerte. Llegué con el último aliento, mis perros mostraron los dientes y el pibe que me seguía se fue. Antes vivía en Buenos Aires y el terror estaba todo el tiempo, en cualquier lugar. Saliendo de mi casa, del trabajo, de un bar, y ahora, en el medio de la nada, también está el terror porque soy mujer. A los varones pregunto: ¿Alguna vez te pasó? ¿Estuviste solo en una parada de colectivo y alguien te quiso arrinconar? ¿Vas caminando por la calle y te dicen cosas sobre tu cuerpo? ¿Te sigue un loco de mierda y comenta lo que te haría si está arriba tuyo? Mis compañeros y amigos varones tienen miedo por mí, me doy cuenta. Me piden que les mande un mensaje cuando llego a casa. Los varones que me quieren no se quedan tranquilos si llego sola a casa. Ellos saben que porque soy mujer vivo en desventaja: me pueden violar, me pueden matar, me pueden empalar. A todas nosotras nos pasa así. A las lesbianas, bisexuales, heterosexuales, travestis y trans nos pasa así. Basta de violencia machista. Basta de machos. Tenemos rabia y vamos a protestar. 19 de octubre PARO DE MUJERES en todo el país. Dejen vivir. Queremos vivir.

 
#VivasNosQueremos/ Fotografía de Agustina Salinas
#VivasNosQueremos/ Fotografía de Agustina Salinas

La crónica de Gabriela Baby para Imaginaciones Fílmicas:

Estábamos todas

Buenos Aires, obelisco, cinco y media de la tarde.

Estamos todas. Las chicas, las viejas, las nenas, las laburantas, las estudiantas, las madres con hijas, las del secundario, las periodistas, las artesanas, mi amiga Teresa, yo, las que salen de la oficina, las que vinieron del barrio, las locas, las lindas, las feas, las brujas. Todas.

Vestidas de negro, bajo la lluvia torrencial y rabiosa, gritando como poseídas, poseídas en realidad y rabiosas porque nos están matando.

Con banderas empapadas por el aguacero —ensañada Sudestada que trae lluvia persistente y frío— que arreció a la hora de la convocatoria, todas, en el obelisco.

Estamos con nuestros gritos. Y con carteles: “Sembrando la empatía, cosechamos el respeto. Eduquemos: ningún varón nace femicida”. “El machismo es el miedo de los hombres a las mujeres que no tienen miedo”. “Si me visto así no es para provocarte, es porque se me da la gana. Mi cuerpo no es un adorno”. “Vivas nos queremos”. “Ni una menos”.

Entonces, caminamos bajo la lluvia. Vamos en una columna tupida, paraguas que se tocan o tropiezan en el aire, banderas de partidos politicos, de organizaciones barriales, de género, estudiantiles, sindicales. Hay hombres —pocos— que acompañan. Cantos empapados, charlas dispersas en grupos o en parejas. Cada tanto paramos, miramos el horizonte de paraguas, nos mezclamos, la consigna nos trasciende, porque nos están matando a todas, a las rubias, las morochas, las casadas, las solteras, las nenas, las pobres, las ricas, las madres, las nietas, las mujeres.  

Y cuando estamos empapadísimas, después de hora y media bajo la lluvia impiadosa, frente al palacio que fue el Bank of Boston en su época y ahora pertenece al ICBC, en plena city bancaria, el grito primal, tribal, orgánico y colectivo nos arrasa. El grito loco indómito y feroz hace vibrar la tierra y el cielo.

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UHH… sostenido y largo UHH… aullamos todas desde el dolor y la bronca (tan necesario el grito mancomunado de esta tribu). Y el estertor atraviesa el aire, el agua y las paredes. Se mueve el piso también, desde las entrañas nos sacudimos y sin palabras gritamos que no queremos que nos sigan matando.

Cuando llegamos a la plaza, el desborde es irrefrenable: gente, banderas, charlas, gritos, cantos, lluvia. Volvemos por Avenida de Mayo entonces y entramos a la London City —un café muy british— para calentarnos el cuerpo, secarnos un poco. Los pelos chorrean agua, nadie nos quita la alegría de la lucha.

Esperamos mesa porque todas las mesas están ocupadas, otras brujas de negro se secan la lluvia, toman té, charlan enloquecidas. Afuera, la marea lleva y trae gente de la plaza sin parar. La veremos moverse de ida y de vuelta durante más de una hora. Y seguirá después de que nos hayamos ido.   

Finalmente, una chica de escrupuloso rodete y amabilidad nos indica una pequeña mesa para dos, cerca de otra mesa para dos, donde otras brujas tomaban sus pócimas.

Con Teresa hablamos, mucho hablamos: de la carta del hermano de Lucía —la chica drogada, violada y empalada hace pocos días en Mar del Plata—, del encuentro de mujeres en Rosario, de las diversas mesas y talleres que hubo, de los muchísimos temas que nos interpelan. Hablamos también del paro de mujeres realizado al mediodía —el ruidazo multiplicado en calles del centro, en las esquinas de mi barrio y en las fotos viralizadas y multplicadas de todo el país—, de las cifras horribles de femicidios en Argentina (una mujer muere cada 30 horas como víctima de la violencia machista), de todas las mujeres que en silencio y de negro estamos gritando hoy y cada día. Hablamos del divorcio de una amiga, de un sitio de noticias del mundo, de este nuevo modo intenso y activo —estas marchas convocadas por redes que no tienen nombre ni logo en primer plano— de oponernos al orden patriarcal que nos está matando.

Las dos brujas de la mesa de al lado se van y en su lugar se instalan otras dos, también de negro, más jóvenes. Casi sin tomar aliento, una le dice a la otra:

—Si una chica tiene más de un hombre es una puta. Pero el hombre que tiene más de una chica es un genio, ¿o no?

Su compañera responde:  

—Pero eso está cambiando.

—Para nada, ¿te parece?

—Con todo esto —señala la calle— va a cambiar todo.

—Esto recién empieza —responde la otra bruja.  

Afuera, la marea de gente sigue haciendo remolinos en la esquinas. Bajamos al subte. En el vagón, mujeres de negro y sonrisas radiantes cantan: “Mujer que se organiza, no plancha más camisas”. Hay sonrisas cómplices en el vagón. Una madre de piercing y pelo empapado sigue los cantos con su hija menor de diez años. Las dos sentadas y de la mano: “Mujer que se organiza, no plancha más camisas”, aplauden y ríen. La madre juega a las cosquillas y después dice:  

—Ahora llegamos, arroz y a dormir, ¿no?  

—A mirar tele —dice la nena.

—No, no, no: mañana hay escuela. Y yo, trabajo. Mujer que se organiza…  —vuelve a corear la madre y se ríe.

Las brujas del vagón se bajan en Plaza Miserere, “Mujer, escucha, entregate a la lucha”, cantan como despedida.  

Y todo esto ocurre el mismo día en que un dictámen aprobado en Diputados elimina la Unidad Fiscal contra la Violencia de Género, un organismo que trabajó intensamente para paliar un mal que como un tsunami nos está arrasando. Y todo esto, el mismo día en que se sigue debatiendo y no definiendo en las cámaras del poder Legislativo las leyes de cupo femenino.

“Vivas nos queremos”, dicen los carteles en las calles. Y aunque la consigna es tan básica que por momentos parece tomada de la edad de piedra, (¿pero acaso el hombre de Neandertal mataba a sus mujeres?) a la vez estamos pensando y discutiendo otras cuestiones, como las relaciones de poder y género en el reparto de tareas domésticas, en la pareja, en la familia, en el mundo laboral, en ámbitos académicos.

En todo eso estamos. Y todo a la vez. Y todas las brujas. De negro, chorreantes y a los gritos. 

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