Realismo en blanco y negro: Frances Ha y Güeros

 

por Sabela Paz

Resulta complejo catalogar ciertas cintas cinematográficas dentro de una corriente cultural específica. Afirmar, por ejemplo, que Frances Ha (Noah Baumbach, 2012) es mumblecore es quedarse a medias. ¿Retro indie o post-indie? es recaer en el mismo error; y más cuando David Bowie o Hanna Horvath, cada uno a su manera, entran a formar parte de este filme.

Frances Ha es una película, pero también un artefacto que descubre el gusto de lo corriente. Como “el que descubre con placer una etimología”, que diría Borges, Frances Ha también reivindica, a partir de su sintaxis cinematográfica, el valor de lo cotidiano en la transformación individual de su protagonista. Por suerte, la industria cultural mainstream ha perdido la hegemonía de la producción de estándares y arquetipos.

greta-gerwig-y-mickey-summer-en-frances-ha

Como Una historia de Brooklyn (Noah Baumbach, 2005) o Margot y la boda (Noah Baumbach, 2007), Frances Ha es la historia de un personaje desubicado e inestable. Sin embargo, el acierto radica en cómo Noah Baumbach afronta el discurso fílmico, como estudioso del medio audiovisual y como director. Lejos de buscar referencias en el cine de John Cassavetes o en la Nouvelle Vague, es interesante analizar esta obra contemporánea como un reflejo nostálgico y cínico de nuestra generación. Para ello, conviene mencionar también a Güeros (2014, Alonso Ruizpalacios), una road movie mexicana que ha sido galardonada, entre otros muchos, con el premio a la Mejor Ópera Prima en la 64ª Edición del Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale).

Ambas películas comparten la predilección por el blanco y negro y asumen una estética propia del cinéma vérité. Güeros da un paso más allá y apuesta por el formato 4:3 renunciando así al formato panorámico. De nuevo, el recuerdo de la Nouvelle Vague, intencionado o no, está presente. No obstante, en cuanto a temática y estilo, nada tienen que ver estas películas con aquel grito maoísta de Godard en La Chinoise (1967). Tampoco encontraríamos paralelismos  con Après Mai (Olivier Assayas, 2012) o con el reciente largometraje de Catherini Corsini, La belle saison (2015). En este caso hablamos de otra cuestión: de cómo hoy la juventud aspira a mantenerse a flote.

El “No soy camarera, sirvo bebidas”, de Frances, es el reflejo de una generación. Jóvenes hastiados con estudios y con un horizonte incierto conforman un paisaje que rompe de lleno con las expectativas, tanto laborales como personales, de sus infancias y adolescencias. “Intento ser decidida con mi vida” o “me gustan las cosas que parecen errores” bien podrían ser frases sueltas de la becaria Hanna Horvath, protagonista de Girls;  serie de televisión (HBO) que ha encontrado en el realismo la clave del éxito. Por fin, más allá de la etiqueta de generación perdida, alguien decide radiografiar las relaciones afectivas y profesionales con diálogos neuróticos y situaciones ligeramente excéntricas. Se rompen los estándares del imaginario mainstream y se aborda la historia desde la intimidad. Sin tabúes, sin estereotipos.

El leitmotiv de Frances Ha lo resume con acierto David Bowie y su Modern Love en un claro tributo a Mauvais Sang (Leos Carrax, 1986). “It’s not really work, It’s just the power to charm” no solo sintetiza una escena sino que condensa una filosofía de vida: cómo enfrentarse a la edad adulta. Además, el protagonismo de David Bowie tampoco es anecdótico, ya que como referente tiene una importancia destacada. David Bowie, o Ziggy Stardust para otros, es uno de los tótems incuestionables de la cultura pop, un artista camaleónico que hizo de su música una herramienta de experimentación y liberación personal y colectiva. La importancia de su obra permite entender cómo la música puede llegar a ser un elemento indispensable en la estabilidad emocional de las personas. Una premisa que también recupera Güeros en la búsqueda de Pigmenio Cruz. En palabras de Sombra, uno de sus protagonistas: “este güey pudo haber cambiado el rock español”.

Güeros (Alonso Ruiz Palacios, 2014)
Güeros (Alonso Ruizpalacios, 2014)

Con el comentario “Estamos en huelga de la huelga” arranca esta aventura por carretera. Santos y Sombra reciben en su apartamento a Tomás, hermano pequeño de Sombra. En un contexto de huelga estudiantil, estos dos jóvenes están inmersos en un universo viciado por la desidia. Sin embargo, la llegada de Tomás cambia el ritmo de la historia. La insistencia del pequeño hace que decidan emprender un viaje para rendir homenaje a este músico mítico apenas conocido: Pigmenio Cruz. A partir de aquí, los personajes de Santos y Sombra evolucionan de manera consciente ya que todas sus decisiones trazan un mapa coherente que los lleva al final de su viaje.

Por un lado, la universidad, la huelga y las asambleas. Y por otro, ellos. Lo que en un primer momento parece una actitud desganada y desinteresada, pronto adquiere nuevas connotaciones. Hay una crítica potente que cuestiona los dos frentes. Se cuestiona el movimiento estudiantil por estar teñido de cierta  rebeldía superficial, en ocasiones contradictoria y pasajera, obcecada por respaldar una protesta agresiva y no por dignificar el desarrollo intelectual. Por otro lado, están ellos, los protagonistas, que parecen deambular sin rumbo fijo, como por inercia. Como vagabundos.

La cuarta protagonista de este periplo por carretera es Ana, locutora de la radio clandestina y militante. Su personaje introduce cuestiones políticas y propicia el rubor de Sombra en un juego tierno e inocente muy alejado de las fórmulas del amor romántico. Y además sugiere un nuevo juicio de valor: deja de lado su compromiso político para sumarse a la aventura.

Güeros (Alonso Ruiz Palacios, 2014)
Güeros (Alonso Ruizpalacios, 2014)

Esta actitud crítica con los personajes también se registra en  los diálogos. Ruizpalacios atenta directamente contra su largometraje. Sombra, tras ser expulsados de una fiesta snob, arranca con las siguientes palabras: “¡Puto cine mexicano! Agarran a unos pinches pordioseros y filman en blanco y negro y dicen que es cine de arte. Y los chingados directores, no conformes con la humillación de la conquista, todavía van al Viejo Continente y le dicen a los críticos franceses que nuestro país no es más que un nido de marranos, rotos, diabéticos, agachados (…)”

No hay duda de que la reflexión es inherente al filme y ya no solo este diálogo, cargado de escepticismo y sarcasmo, sino también el propio título del largometraje. El adjetivo güeros se usa para designar a chicos que por su tez clara se asume que pertenecen a una clase social alta, y como consecuencia se da por hecho que tienen una vida fácil y acomodada. Sin embargo, en esta película se pervierte totalmente su significado, tal vez con el objetivo de desvirtuar la validez del estereotipo. Y es este el punto fuerte en el que Frances Ha y Güeros convergen al presentar alternativas realistas que chocan con el discurso habitual. Ambas películas hablan de libertad en una narración audiovisual con tintes poéticos. Lo hacen además en una atmósfera de naturalidad y realismo en la que se entremezclan el amor, la amistad y la búsqueda de identidad a partes iguales.

Tanto Frances Ha como Güeros consiguen retratar la vorágine urbana y verbalizar temas como la soledad o las expectativas de madurez. Ambos son relatos sinceros, dirigidos a un público con un futuro incierto, de ahí que ambos directores hayan optado por evitar finales cerrados en  sus filmes. En el caso de la road movie mexicana, Pigmenio Cruz no es más que la excusa, el detonante de la acción. La importancia de la cinta recae en la evolución personal de sus protagonistas. Es decir, el viaje frente al destino. Con Frances Ha sucede lo mismo. No importa en quién se ha convertido sino la ternura y frescura que regala en cada secuencia en un claro ejercicio feminista.

El  blanco y negro, casi en desuso hoy en día, recuerda su calidad de ficción. Sin embargo, por contradictorio que parezca, con estas obras el séptimo arte abre una ventana al realismo. Existe una generación de jóvenes que, crecidos bajo las premisas del éxito, ven mermadas sus expectativas con la consiguiente carga de culpa y frustración. Por este motivo, resulta interesante que el cine rompa con esos supuestos  en un alarde de “justicia poética”. Como consecuencia conviene destacar la importancia de esta forma cínica, descarnada y renovadora de hacer cine sin descuidar su sintaxis cinematográfica; porque si la música siempre ha sido un referente para los jóvenes, el séptimo arte no va a ser una excepción.

Notas:

1. Mumblecore (mascullar): subgénero del cine independiente estadounidense surgido a principios del siglo XXI que se caracteriza por la producción de bajo presupuesto. La temática de estas obras se centra en las relaciones personales de sus protagonistas, que suelen moverse entre la veintena y la treintena, con diálogos improvisados y actores no siempre profesionales.

También te puede interesar:

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on Pinterest