¡Por Clementina! (2): Lecturas útiles para niñas imperfectas

             

por Angelina Delgado

Transmisión de valores y pensamiento crítico en libros para la infancia

Esta historia ya nos la sabemos”. Así acaba El pequeño libro rojo (Océano Travesía, 2011), un peculiar álbum ilustrado que conjuga dos historias: una que transcurre en las páginas pares y otra en las impares. Ambas ponen sobre la mesa la cuestión del potencial liberador de la lectura y la transmisión de valores a través de ésta, aspectos suficientemente importantes por sí mismos, pero que adquieren un especial cariz si se miran desde una perspectiva crítica de género. Phillippe Brasseur, su autor, da voz a un decepcionado ratoncillo que ha esperado en un corro pacientemente para escuchar a una ratona adulta leer el libro que lleva entre las manos. Pero la lectura se retrasa hasta las últimas páginas, ya que la ratona siempre encuentra una nueva recomendación o advertencia que hacer a su ilusionado auditorio. Y es que los adultos no perdemos ninguna oportunidad de ejercer nuestra influencia pedagógica cuando estamos frente a los menores.

Mientras tanto, a la derecha, en las páginas impares del libro, un personaje universal —lo han adivinado, es Caperucita— protagoniza una historia completamente distinta a la que ya sabemos. No teman, no les voy a destrozar del todo esta parte del libro, pero sí les diré que el asunto, como anuncia el texto de contracubierta, “no termina bien… para el libro”. Mientras las páginas impares relatan una historia rompedora y bárbara, las pares reclaman, por la vía de la ironía, la necesidad de olvidarnos de los buenos consejos y las manidas narraciones que se ofrecen a niños y niñas. Parece que en cuanto relacionamos libros e infancia, entran en crisis  tópicos que para los adultos no admiten discusión, como lo es la convicción de que la lectura es una herramienta para el desarrollo del individuo. Incluso, en lo que se refiere a este libro, podemos dudar de si estamos ante un libro adecuado, no solo para el público infantil, sino para, como dice el propio editor, las almas sensibles y amantes de los libros.

Todas las fotografías son de Angelina Delgado
Todas las fotografías son de Angelina Delgado

Sin embargo, el acierto de Brasseur radica —además de proponer un repaso creativo y bromista acerca de los diferentes usos de un objeto rectangular, hecho de hojas de papel, susceptible de ser arrojado, de servir como papel higiénico, antifaz o sombrero— en el mensaje de que por encima de lo correcto está la propia subsistencia. Si el libro —cualquier libro— es considerado culturalmente como algo de gran valor por sí mismo, independientemente de su calidad literaria o formal, por qué no inventar distintas maneras de usarlo para que incluso llegue a salvarnos la vida. Y no es tangencial el hecho de que el personaje principal sea una niña, puesto que si el autor hubiera elegido a un varón como protagonista, el mensaje habría perdido todo su sentido. Si a Caperucita le pasó —y le sigue pasando en el siglo XXI— lo que le pasó, no es porque desobedeció a su mamá, sino precisamente porque fue enseñada en la obediencia y no utilizó los recursos que tenía a su alcance. Por cierto, que no me estoy refiriendo a las primeras versiones de Caperucita, sino a aquellas que se escribieron a partir de la recopilación de los Grimm, en las que las dos mujeres, cómo no, han de ser salvadas por un valiente cazador. Merece la pena echar una ojeada a La verdadera historia de Caperucita, escrita por Antonio Rodríguez Almodóvar e ilustrada por Marc Taeger (Kalandraka, 2013), bastante fiel a las primeras versiones recogidas de la literatura oral, en las que la niña consigue escapar usando su astucia, sin necesidad de machos salvadores

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El pequeño libro rojo me lleva a otro que desgraciadamente solo se encuentra en bibliotecas o en librerías de segunda mano y cuyo mensaje también está relacionado con la buena educación, la obediencia y la supervivencia, y por tanto, la educación de las niñas. Se trata de la historia de Hipersúper Jezabel del conocido ilustrador Tony Ross (SM, 1990) en el que la protagonista es una niña ejemplar que tanto saca sobresalientes en matemáticas como limpia las cacas del perro o se toma la medicina sin rechistar. A medida que avanzamos en la lectura las ilustraciones nos irán descubriendo una imagen cada vez más ridícula de la niña, que pasa de tener un rostro dulce a otro malhumorado e incluso desagradable y temible. Así que si por la lectura del texto —meramente enunciativo de las bondades de Jezabel— nos quedaba alguna duda de la intención del autor, las imágenes nos indicarán que algo no va bien. Lo que se comprueba con el fatal desenlace de la historia: la pobre niña considera que correr es de mala educación, y por ello, en el penúltimo paso de página, es devorada por un cocodrilo. Nuevamente el hecho de que la protagonista sea una chica y no un chico es lo que aporta a esta lectura su poder demoledor, puesto que a pesar de los avances en la educación de las niñas, ellas siguen siendo las que reciben mayores presiones para alcanzar la excelencia. Una excelencia que, por un lado acaba siendo interiorizada y bloquea nuestra capacidad de crítica y reacción —nos comerá el cocodrilo—; y que por otro, se extiende hasta la madurez adoptando la forma de la súper mujer actual, con nuestra desquiciante exigencia de perfección física, maternal, laboral, intelectual  e incluso moral.

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Mi experiencia con este relato como narradora en grupos de niñas y niños acompañados de adultos, por ejemplo en bibliotecas públicas, es que a madres y padres les sirve de catarsis y autocrítica, mientras que a los más pequeños les cuesta comprender el desenlace y les produce un choque no sé si calificar de “intelectual”, puesto que rompe con todo lo aprendido sobre los supuestos beneficios de portarse bien. Son las chicas y chicos ya capaces de lidiar cognitivamente con la ironía quienes celebran el algo macabro sentido del humor que propone este libro, adentrándose en el rico debate de lo que está bien y lo que está mal. Imagino que este debate interior será más intenso en el caso de las niñas, ya que en muchas lecturas tendemos a identificarnos con la protagonista de nuestro propio género.

Por tanto, de cara a una lectura con perspectiva de género, merece la pena echarle un rato a libros como estos, que si bien no nos tranquilizan a los adultos ni pretenden proporcionar un cómodo lecho en el que depositar suavemente a nuestros niños y niñas, son un magnífico recurso para entrenar el pensamiento crítico. Además tienen la virtud de dirigirse y cuestionar tanto a grandes como a pequeños. El territorio de la ficción y del extrañamiento siempre ha sido propicio para avanzar en ello, y hay que celebrarlo cuando, de la forma que Brasseur y Ross lo hacen, se consigue con perspicacia, inteligencia y sentido del humor.

Y ya que comencé este artículo por el final de El pequeño libro rojo, me divierte acabar con su comienzo, es decir, con la cita que abre dicho libro, del artista Joseph Beuys:

El verdadero poder revolucionario es el poder de inventar”. 

Notas:

  1. Este artista se define como Cultivador de Ideas, y puede consultarse su estimulante página web en http://www.philippebrasseur.be/Philippe_Brasseur/Accueil.html
  2. Un prolífico ilustrador cuya obra revisada se ofrece en http://www.imaginaria.com.ar/2009/05/tony-ross/ [Consulta 05/09/2016] Allí se recoge una apreciación que tiene que ver con el asunto que estamos tratando: “En muchos de los libros para niños se ponen límites que demarcan lo que está considerado como moral o correcto. Precisamente donde estos límites terminan, donde existe un pequeño peligro, una pequeña diferencia, o donde las fronteras no están tan claras, es donde a mí me gusta estar.”
  3. Les animo a seguir inventando, y en relación con la metáfora del cómodo lecho al que aludía anteriormente, les recomiendo una última historia que tiene todos los ingredientes de las reseñadas, pero mucho más neutra en cuanto a la cuestión del género: El libro de las camas de Sylvia Plath, salvajemente ilustrada por Quentin Blake (Libros del Zorro Rojo, 2014).
   

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