Griselda García: “para escribir es necesaria toda la lucidez posible”

                 

          

Por Julieta Bugacoff

 

Griselda García nació en Buenos Aires en 1979. Es autora de varios libros de poesía, entre ellos Mi pequeño acto privado (Barnacle libros, 2015), y el recién publicado Ahora (Ediciones del Dock, 2016), y del libro de relatos La madre del universo (Editorial Echarper, 2012). Dicta talleres de escritura y administra su blog http://griseldagarcia.blogspot.com Por otra parte, es directora de la colección La verdad se mueve de Ediciones del Dock.  

Cuando le propuse realizar una entrevista para Imaginaciones Fílmicas presencié una explosión de espontaneidad y alegría. Si bien su agenda “es un tetris” no tardamos en fijar el horario. Pocas veces se encuentran personas tan activas y que hagan las cosas con tanta pasión como Griselda. Suelo cruzármela por el barrio varias veces al día, y siempre la observo caminando apurada por las calles de Buenos Aires, dirigiéndose a un encuentro con algún escritor o cargando la colchoneta que utiliza en la clase de Yoga. Sin duda, se trata de una mujer que no pasa desapercibida. 


Anteriormente habías definido La madre del universo como un libro de relatos ¿Hay alguna similitud entre el relato y la poesía? 
G.G. Plantean desafíos diferentes, pero entre ambos existen similitudes. No puede haber cabos sueltos, todo tiene que estar justificado. Siempre hice mucho énfasis en la corrección y la edición de los textos, en ese sentido sí los veo parecidos: son mecanismos muy precisos que tienen que comunicar con el menor divague posible. 


¿Qué es lo que determina que algo se transforme en un texto narrativo o poético? 
G.G. Es como en las relaciones con las personas, lo vas sintiendo. También puede ser por pericia, o en algunos casos por pereza. Muchas veces te gustaría hacer un relato, o una novela en base a determinada idea, pero no tenés tiempo, entonces simplemente lo dejás como un poema. Puede pasar lo contrario: podés haber estirado demasiado una historia y no da para un relato. Siempre se trata de experimentar.


¿Qué lugar le atribuís a la emoción en la escritura de poesía?
G.G. Debe tener un lugar limitado, no preponderante. El que tiene que sentir es el lector, no el autor. Como lectora quiero sentir ese mismo dolor que siente el que escribe, a un poema le pido siempre que me haga sentir. A veces leo poemas que son la expresión de la emocionalidad pura del autor, me generan mucho rechazo. Creo que eso logra distancia en vez de cercanía.


¿Considerás que el ritmo es tan importante en la poesía como en la narrativa? 
G.G. Sí, tanto en narrativa como en poesía el ritmo es muy importante. El ruso Tinianov decía que el ritmo es el principio constructivo del poema. Es indispensable en ambos géneros, en el momento en el que uno está corrigiendo, leer en voz alta. Ahí es cuando realmente te das cuenta de si lo escrito suena bien o no. 


¿Existe un proceso de construcción de un poema? 
G.G. Yo diferencio dos momentos en el proceso de la escritura, una primera parte que es dejar salir, y luego viene la corrección. No puedo corregir mientras estoy escribiendo, porque ahí aparecen las inhibiciones. Como te había dicho antes, pongo mucho énfasis en la reescritura: es la base del trabajo textual.


Actualmente sos la directora de la colección de poesía La verdad se mueve para Ediciones del Dock ¿Cómo surgió este proyecto?
G.G. Cuando la editorial cumplió veinticinco años, su director, Carlos Pereiro, me convocó para un ciclo de lectura de poetas mujeres y ahí empezamos a trabajar juntos. Después me propuso que armara una colección de poesía dirigida a quienes tengan hasta cinco libros publicados. Recibimos material que pasa por una evaluación y si nos parece que va dentro de la línea de la colección, empiezo a trabajar con el autor hasta llegar a una versión final que nos conforme a ambos. 

 

¿Considerás que el compartir ambiente con gigantes de la poesía como Irene Gruss o Alicia Genovese influyó en tu forma de escribir?
G.G. Sí, me importan tanto el poeta como persona y su obra. Cuando uno encuentra que obra y vida van de la mano es una felicidad extrema. No solo forma muchísimo sino que te alegra la vida.


¿Cuáles son las poetas que más te influyeron al momento de escribir?
G.G. Este es el momento en que se te escapan todos los nombres, o decís alguien que no va (risas). Te podría nombrar a Juana Bignozzi, Irene Gruss, María Teresa Andruetto, Emily Dickinson y Sylvia Plath.

¿Cómo empezaste a publicar poesía? 
G.G Cuando empecé a notar que lo que escribía podía tener un interés para el lector, ahí decidí profundizar. Se fue dando. 


Dentro de unos días sale tu nuevo libro de poesía Ahora ¿Cuál es la propuesta de ese libro?
G.G. Hay poemas que tienen diez años, y mi anterior libro es de hace siete. Uno no siempre tiene cosas para decir: en mi caso no tengo mucho para decir más allá de lo que digo en la edición o en la docencia. Hay poemas que resistieron el paso del tiempo, otros que se fueron creando, y con todo eso traté de hacer un recorrido que pueda resultar agradable.


¿Cómo definirías tu tipo de escritura? 
G.G. Es muy difícil, creo que eso lo tiene que definir el otro. Es como cuando te preguntan “¿Vos qué personalidad tenés?” “Ay, yo soy encantadora, simpática” ¡Y no, yegua! Si te conocen tus amigos y saben cómo sos (risas). 
Los norteamericanos me influyeron bastante, porque me gusta hacer traducciones para mi blog. Es algo en lo que te sumergís mucho y hay cosas que se te van pegando. Hay un gran nivel de penetración de los yanquis, tenemos impregnada su cultura. Con su literatura pasa lo mismo, hay una inmersión tan grande que es inevitable


¿Considerás que La madre del universo contribuye a la liberación sexual de la mujer dentro de la literatura?
G.G. Ese libro salió en 2012, comencé a armarlo un año antes. Cuando empiezo a releer los  textos, que son de distintas épocas, me doy cuenta de que hay una insistencia importante con lo sexual. A la hora de mostrar eso como un libro me generó un poco de pudor por algo tonto mío. Me preocupaba que fuese repetitivo sin una justificación, finalmente una amiga escritora me dijo: “vos mostrás la sexualidad de las mujeres como un elemento más en su vida. Tus personajes lo viven como algo más de su cotidianidad”. Eso me convenció. Es lo bueno de tener interlocutores válidos.


Hace varios años que das talleres de escritura, ¿qué consejo podrías darle a aquél que quiere empezar a escribir? 
G.G. Que lea mucho, todo lo que pueda. La ventaja de internet es que te permite picotear el libro y seguir al autor. Conviene asesorarse, lo que está en los mostradores de las librerías es mayormente una cagada. Hay muchos libreros que aman lo que hacen y dan muy buenas recomendaciones. Al momento de elegir un taller de escritura hay que tener cuidado, muchas veces se genera una especie de club de jubilados jóvenes, van a charlar y comer facturas o tomar cerveza. Y no, no es por ahí. Para escribir es necesaria toda la lucidez posible.  

 

 

(La fotografía está realizada por Malena Qu) 

 

 

 

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