¡Por Clementina! (1): Cotidianidad sin sexismo en la literatura infantil

        

por Angelina Delgado

 

¡Por Clementina!
 
Clementina ya se paseaba desnuda por el mundo cuando comencé a trabajar en una biblioteca pública, recién iniciados los años 90. Arturo, su marido tortuga, la atiborraba de regalos para mantenerla prisionera. Un buen día, aprovechando su ausencia, Clementina abandonó su casa-caparazón con sus veinticinco plantas atestadas de objetos, al borde del estanque que había sido el escenario de su amor. Adela Turín, escritora, investigadora y activista italiana vinculada a movimientos feministas, fundó junto a Nella Bosnia la colección A favor de las niñas en la que se encuentra esta historia de las dos tortugas, que tuvo una gran repercusión en la literatura infantil. Repasando hoy los estantes de la biblioteca compruebo que a ellos han llegado otras muchas historias, completamente nuevas o que han dado la vuelta a lo antiguo como si fueran un calcetín, capaces de enganchar a los jóvenes lectores y, al mismo tiempo, ofrecer un punto de vista crítico que cuestione las cosas como aparecen en la actualidad. En honor a esa tortuga insatisfecha y fugitiva que, por cierto, no sabía ni leer ni tenía quién le leyera, hablaré de esas historias y de esos personajes con garra, con sentido del humor, cercanos, fantásticos o desesperantes como la vida misma, que no abundan en los malditos sesgos sexistas y que, además, hacen disfrutar a las niñas y a los niños.  


Familias normales de cuento 

Hay que tener mucho arte para narrar como si fuera lo más normal del mundo eso que no sucede habitualmente y que sería estupendo que sucediese. Tal es el arte que muestra Fernando Krahn en su libro La familia Numerozzi (Colección Ponte Poronte, editorial Ekaré, 2012), en el que, sin adoctrinar ni moralizar, y utilizando el lenguaje del álbum ilustrado con su doble código integrado por texto e imagen, ofrece una ventana a la cotidianidad de una familia grande y diferente. 

Las niñas y los niños muy pequeños viven el nido familiar propio como el primer horizonte y la primera frontera. Por mucho que los medios de comunicación se empeñen en ofrecer un modelo único de familia, durante la infancia todo lo que sucede dentro de la casa propia es normal; solo cuando vamos creciendo nos damos cuenta de que hay otros hogares muy distintos a los nuestros y que esa normalidad es solo una de las formas posibles de la misma. Por eso para los más pequeños es fascinante asomarse a otros nidos y verse reflejados en sus habitantes, tan iguales y tan distintos a ellos. Es una estrategia más para la conquista de la identidad a la vez que del sentimiento de integración en un grupo. La ficción, ya sea literaria, fílmica o plástica, es una buena aliada para lograr estas conquistas.

 

De este modo en La familia Numerozzi asistimos al espectáculo de una divertida mañana que nos resulta muy conocida, pero que pronto nos empieza a chocar. Suena el despertador. Divina y Máximo Numerozzi, madre y padre de ocho hijos en edad escolar, preparan a su prole para ir al colegio. Y entonces comienza lo bueno: papá prepara el desayuno mientras mamá termina de resolver ese difícil problema de ingeniería que la trae loca; mamá acciona el levantador de mantas que ha inventado para facilitar el terrible momento de la mañana; papá toca la flauta mientras los niños desayunan… Y lo mejor es que el relato apoya un pie en la sorprendente normalidad con la que se mueve esta agitada familia y otro en el genial sentido del humor con el que tanto el texto como las ilustraciones narran las peripecias. Y es que en eso del humor fino, Fernando Krahn, ilustrador chileno que también destacó como humorista gráfico en España, es un maestro.

La aventura concluye con la entrada triunfal de la familia Numerozzi en el colegio, con Divina al volante de su último invento, la Culebréctica Nº 1, después de haber volado por los tejados. ¿Quién no querría ir al cole así al menos una vez en su vida? Esa ocasión merecía ser recordada en el álbum familiar, y por eso un fotógrafo —un rinoceronte humanizado— toma la foto de todos con Divina en su vehículo. La imagen final del libro, que también aparece en la cubierta, es la de toda la familia contemplando la foto: hijos, hija, padre y madre amontonados en el sofá.

Las treinta páginas de este libro ilustrado nos darán motivo para hacer con los más pequeños cosas que a ellos les encantan: contar una y otra vez a los numerosos hijos, repetir sus nombres (Primo, Segundo, Tercio, etc., hasta Octavia, la menor y única niña), u observar los mecanismos de extraños aparatos. A los mayores nos gustará, entre otras cosas, ver que, aunque esté en casa y realizando tareas de cuidado, no hay delantal1 para Divina (el delantal de la madre, todo un clásico en los clichés de la literatura infantil, tanto que por la frecuencia de su aparición podría parecer indispensable a la hora de entender el texto y situar a los personajes); que Máximo no lee el periódico mientras los niños hacen de las suyas; y por supuesto podremos gozar de esa capacidad del autor para imaginar lo sencillo y divertido con libertad de pensamiento.

 

 

Hablando de sencillez y diversión, y enlazando con la normalidad contagiosa a la que me refería al principio, no quiero acabar sin recomendar la lectura de otro álbum ilustrado. No podremos encontrar en librerías —pero afortunadamente sí en bibliotecas—, ejemplares de El papá que tenía 10 hijos (editorial Casterman), de la prolífica creadora francesa Bénédicte Guettier. En gran formato aparecen contundentes ilustraciones de trazo grueso y colores vivos presentando a un padre cuidador y entregado a sus diez pelones. No hay madre en esta historia, ni se la menciona. El padre prepara la cena (10 huevos fritos, 3 kilos de macarrones, 20 rodajas de salchichón, 50 rábanos y 100 fresas con nata), viste, baña, lleva y recoge del colegio a su larga camada, trabaja y, cuando todos duermen, tiene un secreto: se dedica a construir un barco.

Un día lleva a los niños a casa de la abuela y emprende un viaje solo. ¡Sí, solo! Necesita descansar. Mi experiencia es que, al llegar a esta parte de la historia, los pequeños oyentes contienen la respiración y necesitan, desasosegados, escuchar qué va a suceder. Considero que la literatura, por supuesto también la que se dirige a las niñas y a los niños, cuando presenta una cuestión que nos afecta en lo profundo, ayuda a la formación del pensamiento y la afectividad, y provoca lo que yo llamo “sacudidas de significados”. De pronto, la lectura nos cuenta algo que realmente nos importa y nos zarandea. En este caso, es la cuestión del cuidado y la seguridad, pero también del abandono y del inevitable y necesario amor. Y lo mejor, nos lo cuenta sin perder el sentido del humor y ¡todo multiplicado por diez!

Estos dos libros son una muestra no muy frecuente de lecturas infantiles que ofrecen roles alternativos sin obligar a la narración a una ruptura tan forzada de los roles tradicionales que resulte poco creíble o incluso ñoña. A muchos otros se les ve el plumero y precisamente por eso su relato pierde fuerza. Parecen manuales de instrucción de una vida (y una educación) políticamente correcta. No es el caso, pero por eso mismo, si admiten un consejo, les diré que cuando disfruten de estas lecturas en compañía de los más pequeños, no cedan a la tentación de dar muchas explicaciones. Es frecuente el gusto de los adultos por masticar la ficción que se dedica a la infancia —ya sea antes o después de la lectura— porque tememos que no vayan a entenderlo todo sin ayuda de nuestra contextualización. Y así, contextualizando, lo que hacemos es perpetuar roles y situaciones, porque de alguna manera les damos carta de naturaleza. Precisamente el atractivo de estos libros radica en que despliegan ante nuestros sentidos un mundo divertido tan alternativo como creíble. Confíen en las niñas y en los niños, en el poder de las imágenes y las palabras, y, si acaso, prueben a contestar a las preguntas de su auditorio con nuevas preguntas.  


Notas:  

1. Por si quieren leer acerca de las imágenes del delantal, el periódico y otros iconos presentes en los libros para niñas y niños, Adela Turín es pionera en los estudios sobre sexismo en literatura infantil. Presentó en Sevilla en el XXIV Congreso Internacional del IBBY de literatura para niños y jóvenes en 1994 una investigación realizada sobre álbumes ilustrados presentados en los catálogos de nueve grandes editoriales francesas, señalando los símbolos y representaciones de lo femenino y lo masculino. Curiosamente muchas de las cuestiones que señala aun están presentes en las publicaciones actuales. Gemma Lluch analiza estas y otras cuestiones en su artículo El sexismo en la literatura para niños en la revista Criterios, La Habana, nº 30, 15 de septiembre de 2012 y disponible en http://www.criterios.es/denken/articulos/denken30.pdf [Consulta 26/07/2016]

2. Las fotografías son de la autora del texto, Angelina Delgado



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