Microrrelatos feministas y humor

  

 

Bibiana Candia (A Coruña, 1977) estudió filología hispánica y trabajó como funcionaria en la Universidad de A Coruña. En el año 2011 se mudó a Berlín para dedicarse profesionalmente a la literatura. Publicó el libro de poemas La rueda del hámster (2013) y el libro de relatos El pie de Kafka (2015), ambos con la editorial Torremozas. Escribe habitualmente en bibianacandia.com

Los textos que les presentamos a continuación forman parte de su recientemente editado Las trapecistas no tenemos novio, (Editorial Torremozas, 2016). Un libro compuesto de fragmentos diversos que cabalgan entre lo propio del poema, del microcuento y del relato breve. Entre el tono jocoso y la crítica social, los efectos de la lectura de este puñado de micro artefactos poético-narrativos reverberan después de las marcas gráficas. Se expanden entre los huecos o versos o escenas. En ellos se retratan ciertas incoherencias, injusticias, o podríamos decir, pequeñas y grandes violencias cotidianas que atraviesan las vidas de mujeres sin nombre, mujeres que podríamos ser cualquiera de nosotras.  

 

Pasen y lean 

De las mujeres de mi familia he heredado las canas prematuras y una tendencia sádica a sentarme en el borde de las sillas. Puede parecer un gesto inocente de feminidad antigua, pero aparte de sobrecargar considerablemente las lumbares y los gemelos, oculta el placer siniestro de sentirse al borde del abismo, de no permitirse nunca descansar del todo.

Mi abuela y sus hermanas pertenecen a esa generación en la cual ser limpia y servicial estaban en el máximo de las aspiraciones para una mujer de familia humilde. Vivir alerta de lo que los demás pudiesen necesitar era en cierto modo dignificarse, y ser pulcra, tanto en la casa como consigo mismas, significaba quitarse de encima la asociación perversa de pobreza y mugre.

La memoria puede estar en cualquier parte y yo guardo su sentido de alerta en la base misma de la columna vertebral, así que cuando me sorprendo a mí misma sentada como todas ellas, recuerdo que yo no tengo que servir a nadie. De modo que aunque esté incómoda mantengo la postura, porque sólo así soy consciente hasta los huesos, de que no hubiese llegado hasta aquí si no me hubiese mantenido siempre en tensión. 

 

 

Las trapecistas no tenemos novio,

no hay amante que resista

el momento fatal

de sujetarnos la escalera

y mirarnos desde abajo

Por mucho que alardeen,

que no os engañen… 

…prefieren lo fácil 

Nos quieren frágiles y entregadas, 

caminando en zapatillas

sin levantar ni una partícula de polvo, 

(o barriéndola en caso de hacerlo) 

Esos tipos que entienden la conquista

como un combate amañado 

nunca alcanzarían a comprender 

lo complejo de tensar los músculos 

para parecer ingrávida 

A veces

el propio cuerpo cansado

llega a confundir dejarse volar con dejarse caer,

por suerte el grito punzante del público 

suspende la gravedad

para recordarnos en un segundo

que sólo largar lastre 

nos librará de estrellarnos contra el suelo 

por eso,

las trapecistas no tenemos novio.

 

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