Intersexualidad en el cine: cuerpos que existen y desean

 

 

por Laura Cantore

 

Lucía Puenzo (Argentina, 1976) dirige y estrena en el año 2007 una película que titula XXY. Basada en el cuento Cinismo, de Sergio Bizzio, su título remite a la denominación genética XXY, esto es: un cariotipo humano que corresponde a lo que la medicina tradicional denomina síndrome de Klinefelter. En otros términos es: una configuración cromosómica que difiere del estándar heteronormativo. Esto se debe a que algunas lecturas de la biología lo colocan fuera del conjunto de los sujetos “correctamente humanos”. El ideal de lo “correctamente humano” implica que las hembras-mujeres deben tener cariotipo XX y los machos-hombres un cariotipo XY. Esto da lugar a una genitalidad en términos heteronormativos “permitida y correcta” frente a otra que se presenta como “síndrome” para la medicina y “monstruosidad” en el imaginario social colectivo. Entre XX y XY está la intersexualidad, antes hermafroditismo, algo que para muchxs sigue siendo síndrome o monstruosidad.

 

Puenzo cuenta la historia de Alex (Inés Efrón) nacida con un cariotipo XXY y educada como una mujer. Alex es hija de Kraken (Ricardo Darín) y de Suli (Valeria Bertucceli) y viven próximos al mar donde hay muchas tortugas y es difícil definir su sexo. Kraken es biólogo y Suli se dedica a cuidar a Alex. Ambos tienen plena conciencia de las diferencias anatómicas de su hijx y desechan la idea de una cirugía hasta que Alex alcance la mayoría de edad. No obstante, mediante el uso de corticoides suprimen la virilización. Alex deja de tomar los corticoides y su mamá Suli reacciona invitando a una pareja amiga Ramiro (Germán Palacios) y Erika (Carolina Pereletti) que llegan desde Buenos Aires junto a su hijo Álvaro (Martin Piroyansky). Ramiro es un prestigioso cirujano que viene a convencer a Kraken sobre los beneficios de la intervención quirúrgica. En este punto aparecen dos modelos de vínculos entre las figuras paternas y maternas y los hijos adolescentes: Kraken, dispuesto a respetar la decisión de su hijx Alex, y Ramiro, quese siente defraudado por su hijo Álvaro. Suli está incomoda con el cuerpo de Alex. Erika tiene un vínculo neutro con Álvaro.  

 

Atención: ¡spoilers!

Suceden en paralelo varias situaciones. Alex tiene su primera relación sexual con Álvaro de una manera imprevista. Esta situación asombra y agrada a Álvaro tanto en torno al cuerpo y sexualidad de Alex, como en relación a la propia. El papá de Alex observa la situación y se cuestiona haber educado a Alex con una identidad de género femenina. Por otro lado, Vando (Luciano Nobile), el mejor amigo de Alex, cuenta a tres amigos las diferencias anatómicas de Alex, e intentan abusar sexualmente de ella en la playa. Vando salva a Alex de esta situación. Pero deviene necesaria una denuncia penal. La alternativa de denunciar implica exponer la situación de Alex en el pueblo. Kraken conversa con Alex dispuesto a apoyar la decisión y elección de género de su hijx. Alex intuye que no hay nada que decidir. Álvaro se enamora de Alex.  

Fin de spoilers.

 

La historia de Alex es una historia cuidada que muestra la invisible existencia de las personas intersexuales. Sin embargo, no deja de ser una historia ideal. Tanto la elección de un nombre neutro como Alex para Inés Efrón, como la figura de un papá biólogo que sabe de diversidad, distan de ser lugares comunes en la historia de niñxs intersexuales. De hecho, la aparición en la familia de unx bebx intersex, se denomina médicamente “urgencia familiar y social”. La presión social para definir sexo e identidad de género, impone la mayor parte de las veces intervenciones quirúrgicas cosméticas para lograr apariencias heteronormadas. Dado que tiene mayores probabilidades de “éxito” una operación para “construir” una vagina y es más dificultoso “construir” un pene, con más frecuencia de lo imaginable, las reasignaciones de sexo se deciden por razones que tienen que ver con facilidades médicas: es más simple “fabricar” una hembra que un macho. Poco importa preservar la autonomía de la voluntad del futurx niñx-adolescente-adultx en orden a su identidad autopercibida. Tampoco suelen preverse los cambios endocrinológicos que se generarán en la adolescencia. Estas operaciones producen heridas emocionales que siempre remitirán a la no aceptación de un cuerpo diferente, tanto a nivel familiar como social. En la mayor parte de los países no hay normativa que proteja a bebés intersexuales. Las intervenciones quirúrgicas suelen acordarse entre médicos y padres en forma silenciosa. Los estudios de casos informan que muchas personas intersexuales nacen y pasan la mayor parte de sus vidas sin conocer su situación biológica tomando conciencia de su realidad, por ejemplo, cuando estando en pareja, no pueden reproducirse. De hecho, la intersexualidad, en la mayor parte de los países del mundo es invisible y está excluida de los sistemas tradicionales de salud: simplemente no se la reconoce ni se respeta su diversidad. Madres y padres no saben cómo actuar y la mayor parte de los Estados ignora esta temática. Por el momento solo Alemania, Australia y Malta reconocen expresamente la intersexualidad. En el año 2015 Malta sanciona la primera ley en el mundo que prohíbe las intervenciones sobre los cuerpos de los/as niños/as intersex, a la vez que reconoce el derecho de padres y madres de demorar la inscripción inicial del sexo en la partida de nacimiento hasta los 14 años; de modo que posibilita que sea la propia persona la que decida su identidad.

 

 

XXY captura la intersexualidad, la vuelve visible y la aborda con respeto. Da cuenta de la diversidad sexual desde la biología misma. Y permite observar cómo las personas construimos imaginarios o subjetividades individuales y colectivas, acerca de los cuerpos y de las formas de ser en el mundo.

 

Los imaginarios aparecen aquí, vinculados por un conjunto de categorías simbólicas que disponen la forma posible de poseer un cuerpo para disfrutar sexualmente, el resto es anormalidad.

 

Esta categoría de la forma que un cuerpo debe tener, se vincula generalmente con la mirada del otro y no necesariamente con el deseo del dueño del cuerpo. Alex, en cambio, se permite investigar y disfrutar de su cuerpo.

 

La forma que un cuerpo debe tener, debe vincularse con el deseo del propio sujeto, y no con mecanismos de adaptación social de ese cuerpo, que satisfagan el deseo de los otros. La noción de subjetividad en su carácter pluridimensional, tanto individual como social e interdisciplinario, epistemológico, sociológico y psicológico, se convierte en un referente imprescindible para comprender la lectura del cuerpo intersex.

 

El culto a la objetividad impuesto por el paradigma racionalista en el ámbito epistemológico, pensado en término de binarios, se resquebraja ante sujetos que piden ser reconocidos a partir de su subjetividad, su propia percepción del cuerpo, de su deseo y de sí mismos.

 

La dicotomía objetividad/subjetividad es sustituida por la de “intersubjetividad”.

Pero esta intersubjetividad solo puede reflejarse cuando el ser humano es capaz de receptar al otro como otro diferente, y de inscribirse él mismo en el mundo de la diversidad en igualdad de condiciones.

 

La subjetividad individual y social se construye en la interrelación entre los seres humanos y su contexto social y natural. Es un producto histórico-cultural, dinámico y simbólico. Si la realidad social está constituida por relaciones sociales, estructuras e instituciones y grupos que expresan patrones interactivos y formas de subjetividad social, debe tenerse en cuenta que, tanto la realidad social como los individuos, funcionan como sistemas complejos que revelan un sentido vital de interacción humana, con una perspectiva temporal dirigida a escenarios y metas presentes y futuras para que los individuos puedan realizar sus proyectos de vida.

 

XXY muestra procesos disipatorios, intencionales, virtuales e inconscientes que incrementan la incertidumbre del espectador y logra que se haga patente el cuerpo y el deseo del otro diverso, tan diverso como cada unx de nosotrxs mismxs.

 

 

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