¿Qué son el test de Bedchel y el Principio de Pitufina?

   

  por Malena García 

Hace unos años vi un vídeo, entre tantos, que me iluminó. En el, Anita Sarkeesian explicaba algo tan sencillo como el test de Bedchel. Algo tan sencillo y en apariencia tan insignificante, pero definitorio, revelador.

No, no estoy exagerando. Este es un tema serio.

Y sin embargo surgió como una broma. Veamos.

 

Quién y cómo y dónde

En 1985 la autora Alison Bedchel, en su tira cómica The Rule, parte del cómic Dikes to watch out for, retrata a un grupo de personajes variopintos, entre los cuales una comenta que ha decidido no mirar películas que no contengan los siguientes requisitos:

1. Deben aparecer al menos dos personajes femeninos.

2. Los personajes femeninos deben hablar entre sí.

3. Deben hablar sobre algo que no sea un hombre.

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Esta idea, que se le ha atribuido a Liz Wallace, amiga de la autora, ha rebosado el campo del cómic, y se ha constituido en una valiosa herramienta —entre otras muchas todavía en construcción— para determinar la representación de las mujeres en el cine. Especialmente se le ha aplicado a la producción cinematográfica anglosajona y más específicamente a la hollywoodense, pero a medida que la fama de el test se ha propagado, su aplicación ha sido extensible a otras muchas cinematografías.

Posteriormente se le han ido añadiendo a la regla o test de Bedchel otros requisitos, en concreto dos:

1. Los personajes femeninos deben tener nombres

2. Deben hablar por más de un minuto.

Si bien en principio puede parecer algo insignificante, vemos que, película tras película, generación tras generación, independientemente de qué se traten las historias, quiénes sean sus protagonistas, etc., las mujeres seguimos, mayoritamiente, pululando el mundo de la ficción cinematográfica como meros añadidos a los hombres. Ellos: las figuras centrales, empoderadas por excelencia. Y vemos que la repetición de estos patrones de representación asimétrica constituyen un modo fundamental que tiene el patriarcado de enunciarse. Es uno más de sus brazos, uno entre tanitísimos.

Aquí Anita Sarkeesian lo explica clarito.

 

Vemos también, que si aplicamos la regla a la inversa, los hombres, incluso cuando se trata de películas protagonizadas por mujeres, suelen tener nombres y hablar entre sí sobre asuntos que no necesariamente tengan que ver con las mujeres. Es decir, su mundo no gira necesariamente en torno a ellas, tienen asuntos propios, tienen individualidades y voces propias, y éstas se encuentran adecuadamente retratadas. 

Si bien se ha avanzado mucho, incluso en el cine mainstream, en cuanto a materialización del cumplimiento de estos requisitos se refiere, todavía queda mucho camino por recorrer hasta que las mujeres alcancemos un empoderamiento representacional similar al que gozan los personajes masculinos en el cine. E insisto, este test es un recurso o herramienta, entre tantos, para analizar el grado de empoderamiento discursivo de las mujeres en las películas. De hecho, no se vayan, aquí vamos con otro.

 

El principio de pitufina

En 1991, la poeta y ensayista Katha Pollitt, preocupada por la escasa y estereotipada representación de las mujeres en las tiras infantiles de televisión, publicó el ya mítico artículo del New York Times: The Smurfette Principle (o en español: “El principio de Pitufina”) Como madre de una niña pequeña, que como todos los niños norteamericanos miran mucha televisión, fue asaltada por cierta sensación de impotencia. Sí, impotencia. Porque era evidente que ese tipo de representaciones tendrían una sutil pero impactante influencia en la temprana construcción de la identidad femenina de su pequeña hija.

Bueno, pero ¿en qué consiste básicamente esto del principio de pitufina? Básicamente, así es cómo denomina Pollitt, al tropo de muchísimas series que están protagonizadas por grupos de hombres —como es el mundo de Los pitufos o de The Big Bang Theory en sus primeras temporadas—, entre los cuales aparece un único personaje femenino, estereotipado, que funciona en el plano dramático solo en relación a los hombres. Pollitt analiza las series infantiles de la época, y da cuenta de que en nueve de cada diez, los protagonistas suelen ser hombres, y dice: “El mensaje es claro. Los chicos representan la norma, las chicas la variación; los chicos son centrales, las chicas periféricas; los chicos son individuos, las chicas estereotipos. Los chicos definen el grupo, la historia y su código de valores. Las chicas solo existen en relación a los chicos”.

 

Nuevamente Anita Sarkeesian lo explica mejor aquí:

 

Si bien, algunas series y películas infantiles han cambiado sus modos de representación de las mujeres en los últimos 25 años —véase Lilo and Stich, Brave, Good luck Charlie, la gran mayoría mantiene los esquemas definidos por el principio de Pitufina. Ni hablar del cine comercial para adultos.

Dada la variada oferta de ficciones audiovisuales de las que disponemos en la actualidad, propongo que a la hora de sentarnos en el sofá, nos pongamos las gafas violetas y dejemos, en lo posible, de consumir ficciones audiovisuales eminentemente machistas, donde se siga fortaleciendo el concepto de mujer como mero agregado al hombre: pasiva, fragmentada, cosificada, disminuida.

Porque nuestro lugar en la trama importa.

Sitio oficial del test de Bedchel: http://bechdeltest.com/

El artículo original de Katha Pollitt: http://www.nytimes.com/1991/04/07/magazine/hers-the-smurfette-principle.html?pagewanted=all&src=pm

 

 

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